La cámara circula
No hay un único autor que decide lo que el barrio necesita mostrar. En cada taller, las personas se turnan para fotografiar, ser fotografiadas y comentar el material. La autoría se conversa y se comparte.
Iniciativa cultural de Multired en Perú
Multired acompaña procesos donde vecinas, vecinos y colectivos aprenden a fotografiar su vida cotidiana, a cuidar los permisos y a construir un relato visual que se queda en el barrio. Una iniciativa institucional, cultural y comunitaria en Perú.
Arequipa · trabajo con colectivos de Arequipa, Trujillo y Cusco
Convocatoria abierta
Comparte el nombre de tu colectivo, tu ciudad y el tema que te mueve. El equipo de Multired leerá tu mensaje para coordinar una primera conversación sobre el proceso, los permisos y el archivo.
Gracias por escribirnos. El equipo de Multired revisará tu mensaje y se pondrá en contacto para conversar sobre tu colectivo, tu territorio y el relato que quieren construir.
01 / Relato visual
La fotografía comunitaria empieza antes del obturador: empieza cuando alguien decide que su barrio, su trabajo o su familia merecen ser mirados con atención. En un país de paisajes y rostros diversos, muchas imágenes se producen desde fuera. Nuestra propuesta es que las comunidades aprendan a producir las suyas.
No se trata de llenar paredes con fotos bonitas. Se trata de construir un relato: qué mostramos, qué dejamos fuera, cómo nombramos a las personas y para quién hacemos una imagen. Esa conversación es tan importante como la técnica.
En los talleres, la cámara circula. Una vecina retrata a un vecino; un joven fotografía a su abuela; una dirigente registra una asamblea. Esa rotación cambia la mirada y reparte el poder de mirar. La imagen deja de ser una vitrina y se vuelve una forma de conversación.
“Una fotografía comunitaria no se mide por su perfección técnica, sino por la confianza que sostiene.”
No hay un único autor que decide lo que el barrio necesita mostrar. En cada taller, las personas se turnan para fotografiar, ser fotografiadas y comentar el material. La autoría se conversa y se comparte.
Antes de retratar, explicamos el propósito, el lugar de publicación y el tiempo de uso. El consentimiento no es un papel firmado al final: es una conversación que acompaña todo el proceso.
Las fotografías se imprimen, se exponen y se conversan en el territorio. También se ordenan en un archivo que el colectivo puede consultar y activar cuando lo necesite.
Evitamos las imágenes que convierten la pobreza o la diferencia en espectáculo. Buscamos retratos y escenas que devuelvan dignidad, contexto y complejidad a la vida cotidiana.
Una foto sin fecha, sin lugar y sin nombres se pierde. Enseñamos a registrar fichas, a nombrar carpetas y a cuidar copias para que el archivo pueda seguir contando historias.
Cada taller combina ejercicios de observación, práctica con cámara, conversación sobre permisos y revisión colectiva del material. No buscamos imágenes perfectas: buscamos imágenes que puedan sostener una historia.
Ejercicios para observar la luz, los gestos y los detalles que normalmente pasan desapercibidos. Aprendemos a mirar antes de levantar la cámara y a preguntarnos qué queremos decir con una imagen.
Practicamos retratos en espacios cotidianos, con atención al contexto y a la dignidad de la persona. Cada participante aprende a explicar el uso de la imagen y a pedir permiso con claridad.
Salimos a registrar calles, mercados, talleres y paisajes del barrio. La consigna no es mostrar lo pintoresco, sino entender cómo se vive y se transforma el territorio.
Ordenamos el material, escribimos fichas y definimos criterios de acceso. El archivo se piensa como una herramienta viva para la comunidad, no como una caja cerrada.
Seleccionamos imágenes, construimos secuencias y probamos distintos recorridos narrativos. La edición nos ayuda a descubrir qué historia aparece cuando las fotos se ponen en relación.
Preparamos una muestra con textos breves, copias y una conversación abierta. La exposición se instala en un espacio del territorio y se acompaña con una mediación.
02 / Cuidado
Una cámara puede abrir una conversación o imponer una mirada. En nuestros procesos elegimos lo primero. Antes de fotografiar, conversamos sobre el propósito de la imagen, el lugar donde circulará y las personas que aparecerán en ella.
El consentimiento se pide de forma clara y comprensible. Cuando hay menores de edad, coordinamos con madres, padres o personas responsables. También acordamos qué hacer si alguien cambia de opinión después del registro.
Explicamos para qué se usará la foto y quién podrá verla. Una imagen sin contexto puede reforzar prejuicios aunque haya sido tomada con buena intención.
No retratamos el dolor, la enfermedad o la pobreza como recurso visual. Buscamos escenas que devuelvan a las personas su condición de sujetos, no de casos.
Antes de publicar o exponer, el colectivo revisa el material. Las personas retratadas pueden pedir cambios, correcciones o el retiro de una imagen.
Definimos si la imagen se usará en una exposición, un archivo, una publicación o una campaña. Cada uso se conversa y se registra por escrito.
Un archivo no es una acumulación de imágenes: es una forma de cuidar la memoria. Cuando un colectivo registra una fiesta, un oficio o una asamblea, produce un material que puede dialogar con las siguientes generaciones.
En nuestros procesos enseñamos a ordenar las fotos, escribir fichas con fechas y lugares, registrar los consentimientos y definir quién puede consultar el material. También conversamos sobre cómo conservar copias y cómo evitar que el archivo se pierda en un dispositivo olvidado.
El resguardo puede quedar en manos del colectivo, de una biblioteca local o de un archivo comunitario. Lo importante es que exista un acuerdo claro y que la comunidad sepa dónde está su memoria visual.
Una exposición comunitaria no es el final del taller: es una forma de devolver las imágenes al lugar donde nacieron. Por eso cuidamos la instalación, los textos y la conversación que se genera alrededor de las fotos.
La muestra se instala en un espacio de paso del barrio, con copias resistentes y textos breves. Buscamos que las imágenes puedan verse sin necesidad de entrar a una sala especializada.
Una exposición abierta, pensada para horarios de encuentro y para públicos diversos. Coordinamos permisos, soportes y condiciones de cuidado con la organización anfitriona.
Un formato más íntimo, con fichas de consulta y actividades para estudiantes. La exposición se convierte en un recurso para conversar sobre memoria, territorio e imagen.
Invitamos a las personas retratadas, al colectivo y al público a conversar sobre lo que vieron. Esa conversación puede abrir nuevas preguntas y nuevos registros.
Los mediadores son personas del propio territorio que aprenden a facilitar talleres, a cuidar los permisos y a acompañar una exposición. No se forman solo como técnicos: se forman como personas capaces de crear confianza y de sostener conversaciones difíciles con respeto.
La formación combina práctica fotográfica, ética del retrato, organización de archivo y herramientas de mediación. Cada mediador o mediadora diseña una pequeña actividad para su comunidad y la prueba con acompañamiento del equipo de Multired.
Al terminar, el colectivo conserva una persona de referencia para continuar el trabajo. Esa continuidad es clave: un taller que termina sin relevo suele debilitarse con el tiempo.
La formación se organiza en cuatro funciones que se practican durante todo el proceso:
La fotografía comunitaria permite que distintas generaciones se encuentren. Una persona mayor puede reconocer a alguien en una foto antigua; una joven puede descubrir que su barrio tiene una historia que no aparece en los libros. Esa conversación es parte del valor del proceso.
Trabajamos con escuelas, familias, organizaciones y públicos que no suelen visitar galerías. Adaptamos las exposiciones y los talleres a cada grupo, cuidando el lenguaje, los horarios y las condiciones de acceso. También preparamos materiales de mediación para docentes y referentes locales.
No buscamos que todas las personas se conviertan en fotógrafas. Buscamos que puedan leer una imagen, preguntar por su contexto y reconocer el valor de la memoria local. Ese aprendizaje queda en el territorio y puede activarse mucho después de que termine el taller.
Estos recorridos muestran cómo se combinan la mirada, los permisos y el archivo en contextos distintos. No son modelos cerrados: cada colectivo adapta el proceso a su territorio.
Arequipa · Mercado
Un grupo de comerciantes quiso registrar la vida de su mercado antes de una remodelación. Durante varias semanas, las y los participantes aprendieron a retratar a sus compañeros, a escribir fichas con nombres y oficios, y a cuidar los permisos. La exposición se instaló en un pasillo del mercado y luego se trasladó a una biblioteca barrial. El archivo quedó en manos de la asociación.
Trujillo · Barrio
Jóvenes de un barrio reunieron fotos familiares y retratos nuevos para reconstruir la historia de una calle. El taller incluyó conversaciones con personas mayores, revisión de álbumes y una salida para fotografiar las casas que aún se mantienen. La muestra se montó en la pared de un local comunal, con textos escritos por el propio grupo. Las familias participantes recibieron copias de sus retratos.
Cusco · Comunidad
Un colectivo de mujeres quiso documentar la memoria agrícola de su comunidad. Las sesiones combinaron retrato, registro del trabajo en el campo y conversación sobre el uso de las imágenes. La exposición se organizó en el local comunal, con una lectura de nombres y oficios. El grupo decidió que una parte del archivo se reservara para consulta de las familias y otra se compartiera en la escuela local.
Escuchamos al colectivo, conocemos el territorio y definimos juntos el tema y los alcances del proceso.
Practicamos la mirada, el retrato y el registro del territorio con ejercicios y salidas de campo.
Seleccionamos imágenes, ordenamos el archivo y escribimos los textos que acompañarán la muestra.
Montamos la exposición, abrimos una conversación y dejamos un acuerdo de resguardo para el futuro.
Algunos datos acumulados de los procesos acompañados por Multired. Los compartimos como referencia de recorrido, no como promesa de resultados.
* Histórico acumulado. ** Encuesta interna. Cada proceso es distinto y los resultados varían según el perfil de cada colectivo y las condiciones del territorio.
Si tu pregunta no aparece aquí, escríbenos desde el formulario. Respondemos con calma y sin compromisos que no podamos sostener.
Pueden participar colectivos barriales, organizaciones sociales, escuelas, bibliotecas, grupos juveniles y vecinos que quieran documentar su vida cotidiana. No hace falta experiencia previa ni una cámara profesional; Multired comparte equipos y enseña a mirar con cuidado.
Antes de cada retrato conversamos con la persona, explicamos para qué se usará la imagen y pedimos su consentimiento. Si hay menores de edad, se coordina con madres, padres o personas responsables. La comunidad revisa el material antes de cualquier publicación.
Sí. El archivo se resguarda con el colectivo o con una institución local acordada. Dejamos copias organizadas, fichas con fechas y lugares, y un acuerdo claro sobre quién puede consultar el material y cómo se puede usar.
Organizamos muestras en paredes comunales, plazas, bibliotecas, escuelas y centros culturales. Cada exposición incluye textos breves, fichas de las imágenes y una conversación con las personas retratadas y con el público.
Los mediadores aprenden a facilitar talleres, a cuidar los permisos, a ordenar un archivo y a acompañar una exposición. No se forman solo como técnicos: se forman como personas capaces de crear confianza y de sostener conversaciones difíciles con respeto.
Sí. Multired acompaña colectivos de Arequipa, Trujillo, Cusco y otras regiones del Perú. Combinamos encuentros presenciales con acompañamiento a distancia. Escríbenos con el nombre de tu colectivo, tu ciudad y el tema que quieren documentar.
Conversemos sobre tu colectivo, tu territorio y las fotografías que quieren hacer. Escríbenos y coordinamos una primera reunión sin apuro.
Multired respeta la privacidad de las personas que visitan este sitio y de quienes participan en sus iniciativas culturales. Este aviso explica qué datos recogemos, para qué los usamos y cómo puedes ejercer tus derechos.
Cuando completas el formulario, nos compartes tu nombre, el nombre de tu colectivo u organización, tu correo, tu teléfono, el tipo de colectivo, el tamaño del grupo y el mensaje que escribes. No solicitamos información sensible ni datos de menores de edad.
Usamos esos datos para responder tu mensaje, conocer tu motivación para participar y coordinar una conversación sobre tu territorio. También podemos escribirte para compartir convocatorias relacionadas con fotografía comunitaria, siempre que hayas mostrado disposición a participar.
Los datos se conservan mientras dure la conversación o el proceso de participación. Solo accede a ellos el equipo de Multired encargado de la iniciativa. No compartimos tus datos con terceros ajenos a la organización del taller.
Puedes pedir acceso, corrección o retiro de tus datos escribiendo a fotografia@multired.pe. También puedes solicitar que no te enviemos más mensajes. Respondemos a cada pedido por el mismo medio en que lo recibimos.
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La información de este sitio describe iniciativas culturales y comunitarias. No constituye una oferta contractual ni una promesa de resultados. Cada proceso se organiza según el contexto del colectivo, el territorio y las condiciones del momento.
Las personas y colectivos que deseen participar deben completar el formulario y sostener una primera conversación con el equipo. La participación implica respetar los acuerdos de convivencia, los horarios y las condiciones de cuidado acordadas con la comunidad anfitriona.
Los materiales fotográficos producidos en los talleres pertenecen a sus autores y autoras, con los acuerdos de uso que se definan en cada proceso. Multired no publica imágenes sin consentimiento. Las personas pueden solicitar la revisión o el retiro de su imagen cuando cambien las condiciones de su participación.
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